
Xenoparidad: una madre capaz de engendrar dos especies diferentes para sobrevivir
3 de junio de 2026
Mercedes Gorette Solís Lucero
Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C.
msolis@pg.cibnor.mx
Tema: ¿Puede una especie producir individuos de otra especie? La hormiga Messor ibericus lo hace generando machos de Messor structor dentro de su ciclo reproductivo, mediante una combinación inédita, extremadamente rara y compleja de mecanismos conocidos, difuminando el límite entre especies sin transformar una en otra.
Introducción
¿Qué pensaríamos si hoy, en un lugar remoto, una mujer pariera un neandertal? Parecería algo imposible, debido a que no hay ningún neandertal en nuestros días y porque las mujeres humanas solo engendran humanos. Así de impactante fue el descubrimiento realizado por un equipo de 18 científicos cuyos líderes pertenecen a la Universidad de Montpellier de Francia que buscaron resolver un misterio reportado en estudios previos que sugerían que dentro de las colonias de hormigas del género Messor existían obreras que eran mezclas de especies (híbridos), tanto en zonas donde conviven como donde no. La curiosidad llevó al equipo científico a preguntarse cómo era posible que esto ocurriera.
Una madre para dos especies
Para abordar la pregunta, los investigadores realizaron trabajo de campo para recolectar reinas y obreras de cinco especies del género Messor, y posteriormente, enviaron analizar el ADN (ácido desoxirribonucleico). El análisis mostró que cuatro de las especies estudiadas no participaron en la hibridación y demostró que solo las obreras de las colonias de M. ibericus son, en realidad, una mezcla de esta especie y de M. structor. Para descartar que esta mezcla fuera el resultado de una mezcla antigua y diluida, se analizó el ADN de dos componentes celulares clave: la mitocondria y el núcleo. El ADN de las mitocondrias solo se heredan de la madre, por lo que, al comparar el ADN mitocondrial y nuclear, se puede saber quiénes son los padres y en qué madre se produjo. Todas las obreras colectadas habían heredado el ADN de las mitocondrias de M. ibericus y, una mezcla casi en igual proporción del ADN de M. ibericus y de M. structor dentro del núcleo celular, es decir, son hijas de madre M. ibericus y padre M. structor (híbridos de primera generación o F1). Esto implica que M. ibericus no produce obreras de su propia especie, sino que necesita de M. structor para generarlas. Anteriormente, ya se habían reportado casos de hormigas que hibridan sus obreras apareándose con machos de otra especie, un fenómeno conocido como parasitismo espermático (Umphrey, 2006), pero este caso tenía algo especial: había zonas del sur de Europa donde está presente M. ibericus pero no hay colonias de M. structor y aun así las obreras son híbridos de ambas especies.
¿Cómo podía M. ibericus producir híbridos sin colonias de M. structor cerca, incluso estando separadas por 1000 km? La respuesta debía estar presente en los machos de las colonias de M. ibericus. Así, se colectaron algunos de estos machos y se estudiaron tanto por su aspecto como por su ADN. Los investigadores encontraron dos tipos de machos: unos con muchos filamentos densos semejantes a pelos correspondientes a M. ibericus, y otros casi sin estos, pertenecientes a M. structor (Fig. 1). El análisis de ADN evidenció que todos los machos poseían el ADN mitocondrial de la reina, mientras que el ADN nuclear correspondía completamente a una u otra especie, por lo tanto, la reina debía estar produciendo ambas especies dentro de la misma colonia. Esta conclusión se refuerza al confirmar que los machos de M. structor provenientes de colonias propias de su especie, a las que llamaremos silvestres, en ningún caso poseen ADN mitocondrial de M. ibericus. Además, los machos de M. structor nacidos en las colonias de M. ibericus difieren ligeramente en apariencia de los machos silvestres de M. structor. Este hallazgo, muestra que el supuesto de que todo organismo vivo procede de otro organismo vivo de su misma especie es menos rígido de lo que pensábamos.

Figura 1. Machos encontrados en las colonias de M. ibericus. Fotografías de a, M. ibericus y de b, M. structor. Adaptado de Juvé et al., Nature (2025), bajo licencia CC BY.
Como señaló el científico y divulgador Carl Sagan, “afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias”; por ello, ante el descubrimiento, los investigadores buscaron evidencia adicional que lo respaldara. En el laboratorio crearon colonias experimentales con una sola reina de M. ibericus y observaron durante un año y medio a los machos nacidos dentro de la colonia cerrada. Los análisis de ADN confirmaron que, tanto en el laboratorio, donde no entraron machos de afuera ni hubo mezcla de colonias, como en lo observado en la naturaleza, una sola reina produce machos de M. ibericus y también de M. structor.
3.Xenoparidad
Los machos “extranjeros” no son híbridos, sino individuos genéticamente similares de la hormiga M. structor que nacen de huevos producidos por la reina M. ibericus. En las hormigas, la reproducción se basa en un sistema llamado haplodiploidía, que depende del número de conjuntos de cromosomas heredados, es decir, el conjunto de estructuras formadas por el ADN al enrollarse y empaquetarse dentro de la célula. El huevo originalmente contiene una sola copia de cada cromosoma de la reina; si ella no lo fecunda, se desarrolla un macho (haploide = una copia), pero si lo fecunda con esperma, se agrega un segundo conjunto de cromosomas y se desarrolla una hembra (diploide = dos copias), que puede ser obrera o reina. Aunque aún no se sabe a ciencia cierta, se especula que, durante el desarrollo del huevo, los cromosomas de la reina no se utilizan o se reemplazan por los de M. structor, que tiene previamente almacenados en su espermateca, que es un órgano donde las reinas guardan el esperma tras el apareamiento y que posteriormente utilizan para fecundar sus huevos. Los machos clonados se aparean con la reina para producir obreras, pero cuando la reina se aparea con los machos de su propia especie produce nuevas reinas. En resumen, con los espermas de ambas especies guardados en la espermateca, la reina es capaz de producir machos y reinas de M. ibericus, machos clonados de M. structor y obreras híbridas de ambas especies (Fig. 2).

Figura 2. Interacciones en las colonias de M. ibericus. Las reinas M. ibericus producen machos de diferentes especies con apariencia y genética diferente. Con el esperma de machos M. ibericus produce nuevas reinas y con el de M. structor obreras. El color rojo representa a M. ibericus y el azul a M. structor. Los sexos se indican con ♀ (hembra) y ♂ (macho), el conjunto de cromosomas con “I” y las mitocondrias con “m”. Fotografías de (a) Reina de M. ibericus. (b) M. ibericus obrera (híbrida M. ibericus/M. structor). (c) Macho M. ibericus. (d) Macho M. structor clonado. (e) M. structor silvestre. Adaptado de Juvé et al., Nature (2025), bajo licencia CC BY.
El que la reina pueda utilizar sus huevos para clonar a M. structor, no surgió espontáneamente. Más bien, los investigadores lo interpretan como un posible caso extremo de “parasitismo de óvulo”, asociado a la androgénesis. En este mecanismo, el óvulo proporciona lo necesario para el desarrollo del embrión, pero la descendencia hereda el ADN nuclear exclusivamente, o casi, del padre. El resultado es un organismo masculino “clonado” o “casi idéntico” a partir del linaje paterno.
La reproducción androgenética es extremadamente rara en la naturaleza y, hasta donde se sabe, ocurre entre miembros de la misma especie (incluyendo al menos tres especies de hormigas). Sin embargo, se han reportado excepciones entre especies estrechamente emparentadas y compatibles, de algunas almejas de agua dulce del género Corbicula (Hedtke et al., 2008) y en la conífera Cupressus dupreziana (Pichot et. al., 2001). No obstante, todo indica que se trata de eventos raros y oportunistas, favorecidos porque estas especies liberan gametos (células reproductoras) al ambiente, donde pueden encontrarse y fertilizar óvulos de linajes compatibles.
Lo innovador del sistema de reproducción de M. ibericus es que no parece ser un fenómeno accidental, sino que es evolutivamente estable y obligatorio para su supervivencia. Al ser la primera vez que se registra este fenómeno, los científicos propusieron denominarlo xenoparidad (xeno, que significa ajeno, extraño o diferente, y paridad, que significa producir, dar origen o dar a luz) y lo definieron como la necesidad de propagar el genoma de otra especie mediante sus propios huevos, y a las hembras xenóparas como aquellas que necesitan producir individuos de otra especie como parte del ciclo de vida.
Con el propósito de comprender cómo ocurrieron las cosas en el pasado, se realizaron análisis complementarios. El análisis del ADN permitió construir un árbol filogenético, similar a un árbol familiar genealógico pero de especies, donde las ramas muestran cómo están relacionadas las especies y si existe un ancestro común. El árbol del estudio mostró que M. ibericus y M. structor compartieron un ancestro en común y que aparecen en ramas lo suficientemente separadas como para pensar que no se podrían mezclar fácilmente y mucho menos para estar vinculadas en un sistema reproductivo tan complejo. Además, estimaron que estas especies se separaron de su ancestro común hace unos 5 millones de años y evolucionaron por caminos distintos hasta convertirse en las dos especies actuales (lo que se conoce como especiación).
4. Messor ibericus domesticó a Messor structor
Continuando con los análisis de ADN, se estudiaron obreras pertenecientes a múltiples poblaciones de M. ibericus, seleccionadas de zonas donde ambas especies conviven y de otras donde no. En las zonas donde ambas especies coexisten, se observó que la gran mayoría de las obreras eran hijas de machos clonados pero unas cuantas eran hijas de M. structor silvestre. En cambio, en las zonas donde no había colonias de M. structor, todas las obreras eran hijas de machos de M. structor producidos dentro de las colonias de M. ibericus. Esto quiere decir que la reina es capaz de aparearse con machos de M. ibericus y con los machos de M. structor tanto clonados como silvestres (Fig. 2).
Si aún hoy ocurren apareamientos con poblaciones silvestres, es probable que en la antigüedad las colonias de ambas especies hayan convivido en las mismas zonas, dando lugar a apareamientos ocasionales durante los vuelos nupciales, que generaban crías obreras híbridas. Los investigadores sugieren que, al menos inicialmente, esta interacción pudo ser relativamente recíproca (mutualista), pero con el tiempo evolucionó hacia una relación asimétrica que beneficiaba principalmente a M. ibericus. Estas obreras híbridas debieron representar una ventaja para la colonia de M. ibericus, ya sea por un mayor vigor o porque la reina perdió la capacidad genética de generar hembras por sí misma. Este cambio obligó a M. ibericus a depender de machos M. structor cercanos con una clara desventaja; si las especies dejaran de coincidir geográficamente, el sistema colapsaría y M. ibericus desaparecería. Pero la “vida se abre camino”, como se menciona en la película Parque Jurásico, y en algún punto, para no depender de colonias externas, las hembras evolucionaron y en lugar de mezclar su ADN, empezaron a producir machos totalmente M. structor. Así, el sistema se volvió autosuficiente y las hormigas de M. ibericus fueron capaces de colonizar nuevas zonas llevando consigo el linaje de M. structor.
Para comprender mejor, los investigadores proponen una analogía con la domesticación que hacemos de plantas y animales silvestres para no depender de la naturaleza, por ejemplo, manteniendo ganado en vez de cazarlo. De manera similar, sugieren que M. ibericus “domesticó” el ADN de M. structor de forma extrema, pues utiliza sus propios óvulos para obtener organismos “domesticados”. Esta analogía parece apropiada ya que los machos clonados siguen siendo genéticamente M. structor pero con muy baja diversidad genética y con pequeñas diferencias de apariencia respecto de los silvestres (en la cantidad de pelo y en la forma del tórax), lo cual es similar a lo que suele suceder en los organismos domesticados por humanos en comparación con sus equivalentes silvestres.
Otra forma de verlo sería comparar este caso, en parte, con la teoría sobre el origen de nuestras mitocondrias. Se cree que hace millones de años una bacteria fue engullida por otra célula y, en lugar de ser digerida, estableció una relación de simbiosis, es decir, una asociación estrecha entre organismos de diferentes especies en la que al menos uno de ellos se beneficia. Con el tiempo, la relación se volvió indispensable para el funcionamiento del organismo, dando origen a las mitocondrias, que siguen reproduciéndose sin perder su origen genético. Esta visualización solo sirve para darnos una idea, porque en la xenoparidad los machos clonados siguen siendo cuerpos libres, pero con el genoma integrado y mantenido dentro del sistema reproductivo de otra especie sin que haya una fusión completa entre ambas.
5. Implicaciones de la xenoparidad
La investigación completa fue publicada en la revista Nature (Juvé et al., 2025) y reporta por primera vez una especie que es capaz de producir individuos genéticamente equivalentes a otra especie mediante la clonación del genoma ajeno en su propio sistema reproductivo.
La clonación masculina podría cumplir una función ecológica relevante al favorecer el mantenimiento y la expansión de linajes exitosos en ambientes favorables, e incluso podría beneficiar potencialmente a poblaciones invasoras (Schwander & Oldroyd, 2016). En el caso de M. ibericus, la xenoparidad podría haber facilitado la expansión de su distribución sin depender de colonias de M. structor cercanas, con importantes implicaciones evolutivas y ecológicas.
Los miembros del género Messor desempeñan un papel ecológico importante en la dispersión y selección de semillas. Forman parte de las “hormigas cosechadoras” o granívoras, que recolectan semillas y otros materiales vegetales para almacenarlos en complejos nidos subterráneos. Su actividad es tan relevante que muchas veces se les considera “ingenieras del ecosistema”, ya que alteran la distribución de plantas y nutrientes, crean zonas despejadas alrededor del nido y remueven y airean el suelo.
Las hormigas Messor son comunes en regiones cálidas y secas del mediterráneo, Oriente Medio y Asia central, mientras que prácticamente no existen de forma nativa en América ni en Australia. Allí, su rol ecológico es ocupado por otros géneros, como Pogonomyrmex y Melophorus, respectivamente. En Norteamérica, en las regiones áridas y semiáridas del sur de Estados Unidos y el norte de México, los géneros Veromessor y Novomessor (con diez y tres especies respectivamente) ocupan un papel ecológico más parecido a Messor. En México, algunas especies se distribuyen en la península de Baja California y Sonora (Borowiec et al., 2026; Johnson et al., 2022).
Es curioso mencionar que hasta 2015 Veromessor fue considerado sinónimo de Messor. Ambos géneros comparten características anatómicas y ecológicas quegeneraron la confusión. No obstante, árboles filogenéticos mostraron que en realidad se trata de géneros emparentados que comparten un ancestro común (Ward et al., 2015).
Otro caso es el género Novomessor (literalmente “nuevo Messor”), que presenta similitudes con Messor y Veromessor, por sus adaptaciones para vivir en el desierto, pero que está más alejado evolutivamente de estos según estudios filogenéticos (Ward et al., 2015). ¿Será posible que dentro de alguna de estas poblaciones vivan reinas xenóparas? ¿Existirán otros organismos en el mundo, tal vez otros insectos sociales, que presentan este fenómeno y que aún no hayan sido detectados debido a la rareza y complejidad de este tipo de sistema reproductivo?
Falta mucha investigación por hacer para entender la xenoparidad. Cuando se obtenga ese conocimiento, podría comprenderse mejor su importancia ecológica e inspirar nuevas ideas sobre clonación avanzada o incluso sobre reprogramación celular para su aprovechamiento biotecnológico. Mientras tanto, este descubrimiento nos deja pensando, ¿existen otras formas de reproducción que no hemos imaginado?.
6. Literatura citada
Borowiec, M.L., Eskew, S.L., Noble-Stuen, A., Williams, J.L. Johnson, R.A. (2026). Evolution of the North American seed-harvester ant genus Veromessor (Hymenoptera: Formicidae). Systematic Entomology, 51(1), e70002. https://doi.org/10.1111/syen.70002
Hedtke, S. M., Stanger-Hall, K., Baker, R. J. & Hillis, D. M. (2008). All-male asexuality: origin and maintenance of androgenesis in the asian clam Corbicula, Evolution, 62(5), 1119–1136. https://doi.org/10.1111/j.1558-5646.2008.00344.x
Juvé, Y., Lutrat, C., Ha, A. et al. (2025). One mother for two species via obligate cross-species cloning in ants. Nature, 646, 372–377. https://doi.org/10.1038/s41586-025-09425-w
Pichot, C., El Maâtaoui, M., Raddi, S. et al. (2001). Surrogate mother for endangered Cupressus. Nature, 412, 39. https://doi.org/10.1038/35083687
Schwander, T., & Oldroyd, B. P. (2016). Androgenesis: Where males hijack eggs to clone themselves. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 371 (1706), 20150534. https://doi.org/10.1098/rstb.2015.0534
Umphrey, G. J. (2006). Sperm parasitism in ants: selection for interspecific mating and hybridization. Ecology, 87(9), 2148–2159. https://doi.org/10.1890/0012-9658(2006)87[2148:spiasf]2.0.co;2
Ward, P. S., Brady, S. G., Fisher, B. L. & Schultz, T. R. (2015). The evolution of myrmicine ants: phylogeny and biogeography of a hyperdiverse ant clade (Hymenoptera: Formicidae). Systematic Entomology, 40: 61-81. https://doi.org/10.1111/syen.12090
La autora es doctora en ciencias con orientación en biotecnología. Su área de investigación se centra en el desarrollo de inmunotecnologías para la detección, prevención y tratamiento de enfermedades.
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