
Valorización de las conchas de moluscos
31 de agosto de 2026
Crisalejandra Rivera-Pérez*
Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S. C., La Paz, B.C.S., 23090, México; crivera@cibnor.mx, https://orcid.org/0000-0002-9746-3225
Tema: Las conchas de moluscos representan uno de los principales residuos generados por la acuicultura, la pesca, el procesamiento y el consumo de bivalvos. Aunque comúnmente se consideran desechos, su composición rica en carbonato de calcio y la presencia de matrices orgánicas e inorgánicas les confieren un alto potencial de valorización. Este artículo revisa, desde una perspectiva de divulgación, las principales alternativas para transformar las conchas en recursos útiles dentro de esquemas de economía circular. Entre sus aplicaciones destacan su uso en agricultura como fuente de calcio y fosfatos, en remediación ambiental para la remoción de metales pesados y fósforo, en construcción como sustituto parcial de agregados y materiales cementantes, en restauración ecológica como sustrato y hábitat, así como en actividades antimicrobianas y biocidas. Así mismo, se discuten los principales retos para su aprovechamiento, como la recolección, limpieza, procesamiento, trazabilidad y regulación. En México, la producción de ostiones, almejas y otros bivalvos abre oportunidades para desarrollar estrategias regionales que conviertan estos residuos en materiales de valor agregado, contribuyendo a una acuicultura más limpia, sostenible y circular.
Introducción
Los moluscos es un producto dominante en la industria acuícola. La producción de moluscos a nivel mundial en 2025 produjo 38 millones de toneladas de animales acuáticos, el cual fue dominado por moluscos (53%) (FAO, 2026). En México, la producción nacional de moluscos bivalvos, principalmente ostiones y almejas, representa una actividad pesquera y acuícola de importancia económica, alimentaria y social, especialmente en zonas costeras del Pacífico, Golfo de México y noroeste del país. De acuerdo con datos de CONAPESCA (2021), la producción mostró variaciones importantes en la última década: alcanzó 83,654 toneladas en 2018, pero disminuyó a 48,401 toneladas en 2019 y a 13,189 toneladas en 2020, reflejando una caída considerable en el volumen registrado. Entre las principales especies producidas se encuentran la almeja blanca, almeja catarina, almeja chocolata, almeja prieta, almeja voladora, ostión del Pacífico, ostión japonés, ostión de placer y ostión del este; además, México cuenta con cultivos en cuerpos de agua clasificados y certificados, lo que favorece su comercialización y exportación a mercados como Estados Unidos y China. Más recientemente, CONAPESCA reportó que en 2023 la producción preliminar de ostión alcanzó 20,237.68 toneladas por captura y 7,783.21 toneladas por acuacultura, lo que confirma que este grupo continúa siendo uno de los bivalvos más relevantes para el sector.
Los moluscos generan un gran volumen de residuos pre y posconsumo, principalmente conchas, las cuales suelen representar alrededor del 65 al 90 % del peso vivo, dependiendo de la especie (Fig. 1). Solo en el caso de los bivalvos, cada año se producen más de 10 millones de toneladas de conchas, las cuales generalmente se desechan en campos abiertos o en vertederos (Khan et al., 2020). Aunque los cultivos de moluscos pueden proporcionar diversos beneficios ecosistémicos, como el control del CO₂ antropogénico, la protección natural de las costas y el mantenimiento de la biodiversidad, la principal barrera para su desarrollo sostenible es precisamente el manejo de los residuos de conchas, tanto en las etapas de cosecha y depuración como después del consumo (Morris et al., 2019).

Figura 1. Conchas de ostión. Fotografía: Lucy Ryan a través de Canva.
El manejo de las conchas generadas por el consumo y producción de moluscos representa un reto ambiental y económico para productores, comercializadores y consumidores. En muchas regiones, estos residuos se acumulan al aire libre o se disponen sin una regulación adecuada, lo que puede provocar malos olores, contaminación del sitio por la descomposición de restos orgánicos y un impacto visual negativo en las zonas costeras (Jung et al., 2012). Aunque la acuicultura de moluscos suele considerarse una actividad alimentaria de bajo impacto ambiental, su sostenibilidad también depende de atender lo que ocurre después de la cosecha y el consumo. Por ello, resulta fundamental incorporar estrategias que reduzcan, aprovechen o transformen estos residuos, de manera que las conchas dejen de verse como un desecho y se conviertan en un recurso con valor potencial. Este enfoque puede contribuir a fortalecer la sostenibilidad del sector acuícola y apoyar la seguridad alimentaria en los próximos años (Morris et al., 2019).
Las conchas, al ser el principal subproducto del cultivo y consumo de moluscos, pueden integrarse de manera útil en esquemas de aprovechamiento y economía circular. Su destino depende en gran medida de quién genera el residuo: productores acuícolas, empresas procesadoras, restaurantes o consumidores. Por ejemplo, en Europa es común que mejillones, almejas y vieiras se comercialicen y sirvan con concha, o bien que se procesen para su venta enlatada o congelada sin ella; en el caso de los ostiones, suelen llegar completos a los restaurantes y consumirse en media concha. En contraste, en varios países de Asia los moluscos se procesan con mayor frecuencia desde el sitio de cosecha, por lo que una parte considerable de las conchas se retira tempranamente y suele desecharse en el mar o acumularse en zonas costeras (Morris et al., 2019).
Hasta ahora se han documentado diversas alternativas para aprovechar los residuos de conchas de moluscos y transformarlos en materiales de valor. En los últimos años, este tema ha despertado un interés creciente, reflejado en la publicación de varias revisiones científicas enfocadas en su valorización. Algunos trabajos han señalado que las conchas marinas pueden emplearse como sustitutos parciales de la caliza natural, reduciendo así la presión sobre este recurso, y han comparado usos tradicionales y actuales en áreas como el mejoramiento de suelos, la biorremediación, la catálisis y la elaboración de materiales de construcción (Jović et al., 2019). Otros estudios han destacado que estos residuos pueden considerarse biomateriales con relevancia ambiental y económica, especialmente porque su manejo sigue siendo uno de los principales retos para el desarrollo sostenible de la acuicultura de moluscos (Morris et al., 2019).
El aprovechamiento de las conchas también se ha estudiado dentro del marco de los servicios ecosistémicos que aporta la acuicultura de bivalvos, reconociendo que su reutilización puede generar beneficios no alimentarios adicionales (Olivier et al., 2018). En años recientes, diversas revisiones han propuesto incorporar estas alternativas en modelos de economía circular y acuicultura responsable, en los que los subproductos dejan de considerarse residuos y se reincorporan a nuevas cadenas de valor (Zhan y Wang, 2021; Alonso et al., 2020). En regiones con alta producción acuícola, la valorización de estos residuos se ha planteado como una estrategia para fortalecer la bioeconomía circular local (Fraga-Corral et al., 2021). En este contexto, las aplicaciones de las conchas de moluscos se han diversificado hacia distintos sectores. La literatura publicada desde el año 2000 señala que pueden emplearse en la agricultura, como acondicionadores de suelo o suplementos para alimentación animal; en procesos de remediación ambiental, para el tratamiento de suelos, agua y aguas residuales; y en la industria de la construcción, como sustitutos del carbonato de calcio extraído de fuentes minerales en morteros y concretos. Asimismo, se han evaluado como materiales para catálisis heterogénea en la producción de biodiésel y como biofiltros (Summa et al., 2022). Además de estas aplicaciones principales, se han propuesto usos más especializados y de menor escala en áreas como la cosmética, la biomedicina y la remoción de metales pesados presentes en agua y aire (Jović et al., 2019).
1.1 ¿De qué están hechas las conchas?
Aunque muchas veces se consideran basura, las conchas de moluscos son materiales biológicos altamente organizados. Las conchas de moluscos marinos están formadas por matrices inorgánicas y orgánicas (Fig. 2). El carbonato de calcio es el componente inorgánico predominante (99%) (Lowenstam y Weiner, 1989), acompañado de otras sales inorgánicas, como óxido de sodio, dióxido de silicio, óxido de magnesio y óxido de aluminio, así como de diversos elementos minerales (Wu et al., 2024). Entre los elementos principales presentes en estas conchas se encuentran calcio (Ca), magnesio (Mg), sodio (Na), cloro (Cl), azufre (S), fósforo (P) y potasio (K). También contienen elementos traza como hierro (Fe), cobre (Cu), zinc (Zn), cromo (Cr), níquel (Ni), estroncio (Sr), manganeso (Mn), vanadio (V), bromo (Br), molibdeno (Mo), selenio (Se) y cobalto (Co). Algunos de estos elementos traza son esenciales para el metabolismo humano y la función inmunológica; sin embargo, la presencia de elementos potencialmente dañinos, como plomo (Pb), cadmio (Cd), arsénico (As) y mercurio (Hg), plantea preocupaciones de seguridad en sus aplicaciones prácticas (Si et al., 2014).
Aunque la composición mineral exacta varía considerablemente entre especies, los estudios publicados ofrecen rangos aproximados para los elementos mayores y traza. El magnesio suele representar entre 0.2 y 1.2 % del peso seco de la concha, el sodio entre 0.1 y 0.8 %, y el fósforo entre 0.05 y 0.3 %. Por su parte, elementos traza como hierro, cobre, zinc, estroncio y manganeso generalmente se encuentran en concentraciones inferiores al 0.01–0.1 % del peso seco. Estos valores pueden variar ampliamente según la especie, el origen geográfico, las condiciones ambientales y los métodos analíticos utilizados. Mientras que los elementos traza esenciales contribuyen al funcionamiento fisiológico normal, los elementos potencialmente tóxicos pueden encontrarse en niveles que van de microgramos por kilogramo a miligramos por kilogramo, lo que subraya la necesidad de realizar evaluaciones rigurosas de seguridad.
La matriz orgánica está compuesta por una mezcla compleja de proteínas, polisacáridos, lípidos y pigmentos. Aunque todavía existe poca información cuantitativa completa, los estudios disponibles indican que las proteínas constituyen aproximadamente entre 0.1 y 2 % del peso seco de la concha (Lowenstam y Weiner, 1989), mientras que la quitina y otros polisacáridos representan en conjunto entre 0.1 y 1 %, dependiendo de la especie y del tipo de capa de la concha (Wu et al., 2024). Los lípidos y pigmentos se encuentran únicamente en cantidades traza. Debido a la baja abundancia de los componentes orgánicos y a la dificultad de separar las proteínas solubles e insolubles de la matriz, que están fuertemente unidas a otros componentes, la cuantificación y caracterización sistemática entre especies sigue siendo limitada.

Figura 2. Composición orgánica e inorgánica de la concha de moluscos. Imagen generada con IA.
Las proteínas de la matriz de la concha, esenciales para dirigir y regular la biomineralización, suelen clasificarse en proteínas solubles e insolubles. Las proteínas insolubles están estrechamente unidas a la quitina, lo que dificulta su estudio; en cambio, las proteínas solubles pueden aislarse e identificarse mediante estudios de proteómica, genómica y transcriptómica (Song et al., 2019). Los polisacáridos, particularmente la quitina, forman una parte importante de la matriz orgánica y están ampliamente presentes en las conchas (Rajan et al., 2024). También se ha confirmado la presencia de lípidos en conchas de moluscos marinos mediante espectroscopía infrarroja, con variaciones notables entre especies (Farre y Dauphin, 2009). Asimismo, pigmentos como carotenoides, melaninas y tetrapirroles, incluidas porfirinas y pigmentos biliares, han sido identificados como los principales pigmentos presentes en estas conchas (Williams, 2017). Esta combinación de minerales y compuestos orgánicos hace que las conchas sean resistentes, abundantes y potencialmente útiles para diferentes aplicaciones (Fig. 3).

Figura 3. Aplicaciones de las conchas de moluscos. Imagen generada con IA.
Aplicaciones en agricultura
En agricultura, una de las aplicaciones más prometedoras de las conchas de moluscos se relaciona con su uso como fuente natural de carbonato de calcio, compuesto que puede contribuir al mejoramiento de ciertos tipos de suelo. Al ser pulverizadas, las conchas pueden funcionar como un material mineral capaz de modificar propiedades físicas y químicas del suelo, especialmente en aquellos con problemas de acidez, baja estabilidad o comportamiento expansivo. Estudios recientes han señalado que las conchas marinas contienen altas proporciones de compuestos derivados del calcio, por lo que pueden emplearse como aditivos para mejorar la resistencia, reducir la expansión y aumentar la estabilidad de suelos problemáticos. En un estudio realizado en Panamá, la adición de residuos de concha marina pulverizada, combinada con cemento, permitió mejorar notablemente la capacidad de carga de un suelo expansivo, lo que evidencia el potencial de estos residuos como materiales estabilizantes y como alternativa para reducir el uso de recursos minerales convencionales (Montenegro et al., 2024). Aunque su aplicación agrícola requiere evaluaciones específicas de inocuidad, granulometría, composición química y efecto sobre el pH, los estudios realizados con residuos de conchas de moluscos indican que estos materiales pueden actuar como enmiendas calcáreas, elevar el pH de suelos ácidos y mejorar la disponibilidad de algunos nutrientes (Lee et al., 2008; Topić Popović et al., 2023; Lolas et al., 2024). Por ello, podrían integrarse en estrategias de manejo sostenible de suelos basadas en la economía circular y el aprovechamiento de residuos pesqueros y acuícolas.
Otra alternativa para aprovechar los residuos de conchas de moluscos molidos es convertirlos en fosfatos de calcio de valor agrícola. Tradicionalmente, las rocas fosfóricas se han utilizado como fuente de fósforo para producir ácido fosfórico (Merkel y Hoyer, 2012) y fertilizantes (Zohuri, 2020); sin embargo, su baja solubilidad en la humedad del suelo provoca una liberación lenta del fósforo, lo cual limita su utilidad en sistemas agrícolas modernos que requieren nutrientes de disponibilidad más rápida (Nasri et al., 2014). En este contexto, los fosfatos de calcio obtenidos a partir de conchas de moluscos, como el superfosfato triple, el fosfato monocálcico y el fosfato dicálcico, representan una opción prometedora, ya que son materiales ricos en fósforo, de alta pureza y con potencial aplicación como fertilizantes o suplementos minerales para alimentación animal (Laohavisuti et al., 2025). Además, su producción mediante procesos simples, económicos y ambientalmente amigables permite reducir la acumulación de residuos de conchas y convertirlos en productos de valor agregado, contribuyendo a estrategias de manejo sustentable y economía circular.
Algunos desarrollos más modernos emplean las conchas como materia prima para producir nanopartículas de óxido de calcio (CaO), como una alternativa sustentable para el control del gorgojo del frijol (Callosobruchus maculatus), una plaga que afecta semillas almacenadas (Madesh et al., 2025). Estas nanopartículas pueden adherirse a la superficie del insecto, provocando daño físico, deshidratación y muerte. En la dosis más alta evaluada (400 mg/100g), se observó una mortalidad del 100% al tercer día. Además de su efecto insecticida, las semillas de frijol mungo tratadas con nanopartículas de CaO mostraron mejoras en la germinación, longitud de raíz y brote, vigor de las plántulas y otros rasgos asociados al crecimiento (Madesh et al., 2025).
Conchas para remediación ambiental
Las conchas de moluscos representan una alternativa prometedora para la biorremediación de aguas contaminadas, especialmente por su abundancia como residuo biológico, bajo costo y composición rica en carbonato de calcio. Diversos estudios han demostrado que estos materiales pueden actuar como biosorbentes, es decir, como superficies capaces de retener o inmovilizar contaminantes presentes en el agua, incluyendo metales pesados y nutrientes en exceso.
Un ejemplo es el uso de conchas del bivalvo Meretrix lusoria para remover iones tóxicos de cadmio (Cd²⁺) y plomo (Pb²⁺) en agua contaminada. En este estudio, las conchas fueron evaluadas bajo diferentes condiciones de pH, tiempo de contacto, concentración inicial de metales, dosis del biosorbente y temperatura. Los mejores resultados se obtuvieron a pH 6.0, con un tiempo de contacto de 90 minutos y una dosis de 1 g de concha por cada 100 mL de solución. Bajo estas condiciones, se logró remover 90.6% de Cd²⁺ y 91.5% de Pb²⁺ (Al-Mur et al., 2024).
Otras especies que se han probado son las conchas de almeja Mercenaria mercenaria y de ostión Crassostrea virginica pueden inmovilizar rápidamente altas concentraciones de plomo. En comparación con carbonatos de calcio de origen geológico, los materiales de concha biomineralizada han mostrado una capacidad mucho más rápida para secuestrar iones metálicos. Por ejemplo, una solución con 10,000 mg/L de Pb puede reducirse a menos de 0.5 mg/L en solo cinco minutos usando concha triturada de M. mercenaria. A concentraciones iniciales más altas, las conchas de almeja y ostión pueden extraer casi el doble de su propio peso en plomo, esto es posible debido al intercambio de calcio por plomo dentro de la fracción inorgánica de la concha, además de la influencia de la matriz orgánica y la superficie disponible del material (Tudor et al., 2006).
Otro caso relevante es el polvo de concha del mejillón de agua dulce Lamellidens marginalis, evaluado para remover cadmio en sistemas acuáticos. Este residuo mostró una capacidad de bioadsorción de 18.18 mg/g a pH 6.0. Además del cadmio, también presentó capacidad para adsorber zinc y plomo, con valores máximos de 10.64 mg/g para Zn y 8.06 mg/g para Pb. La remoción de metales podría estar relacionada con procesos de intercambio iónico con elementos como Fe, Al, Si, Co y Ca, así como con la participación de grupos funcionales presentes en la superficie del material –OH, –C=O, –C=C y –C–C (Hossain et al., 2015).
Además de su uso en la remoción de metales pesados, las conchas de moluscos también pueden aplicarse para retirar nutrientes en exceso, como el fósforo, de aguas salinas. En sistemas de recirculación acuícola en agua de mar, se ha evaluado la eficiencia de conchas de ostión naturales y calcinadas para remover fósforo. Las conchas naturales lograron remover más del 56% del fósforo, mientras que las conchas calcinadas han mostrado remociones superiores al 98%. En las conchas naturales, el mecanismo principal fue la adsorción, mientras que en las conchas calcinadas también participó la precipitación (Martins et al., 2017).
Estos estudios muestran que las conchas de moluscos pueden dejar de ser consideradas un residuo y convertirse en materiales funcionales para el tratamiento de aguas contaminadas. Su capacidad para remover cadmio, plomo, zinc y fósforo evidencia su potencial dentro de estrategias de biorremediación, economía circular y manejo sustentable de residuos de origen marino y dulceacuícola.
Uso en construcción y materiales
Las conchas de moluscos también han despertado interés como materia prima alternativa para el sector de la construcción. Este enfoque se basa en los principios de reducir, reutilizar y reciclar residuos biogénicos, especialmente aquellos generados por la acuicultura, la pesca y la industria alimentaria. Debido a su composición rica en carbonato de calcio, las conchas pueden emplearse como sustitutos parciales de agregados, arenas, rellenos minerales o incluso como componentes en mezclas cementantes, lo que permitiría disminuir el uso de materias primas vírgenes y reducir el impacto ambiental asociado a la producción de cemento y concreto.
En un estudio realizado en Panamá, la adición de residuos de concha marina pulverizada, combinada con cemento, permitió mejorar notablemente la capacidad de carga de un suelo expansivo, lo que evidencia el potencial de estos residuos como materiales estabilizantes y como alternativa para reducir el uso de recursos minerales convencionales (Montenegro et al., 2024).
Las conchas y sus cenizas pueden emplearse como reemplazo parcial o total del agregado grueso y del cemento Portland ordinario, respectivamente. Cuando las conchas son calcinadas a 800 °C, sus cenizas presentan constituyentes químicos comparables con los de materiales puzolánicos, los cuales son materiales naturales derivados de la ceniza volcánica y contienen sílice, lo que le confiere propiedades cementosas (Santamaria, 1963). Además, las propiedades físicas y la distribución de tamaño de las conchas permiten su uso como agregado grueso para producir concretos ligeros sin comprometer de manera importante la resistencia. El concreto elaborado con agregados de concha mantiene su durabilidad hasta temperaturas máximas de 300 °C, mientras que los concretos con cemento mezclado con ceniza de concha presentan menor pérdida de resistencia a la compresión bajo ataque por sulfatos (Adeyuwi et al., 2015).
Otra de las aplicaciones en la industria de la construcción es su uso como agregados reciclados en morteros y concretos, mejor conocido como morteros biocompuestos verdes, estos se han estudiado utilizando conchas de mejillón provenientes de la industria conservera de pescado como sustituto total de la arena tradicional. La fabricación se realiza en condiciones ambientales de 20 °C y 65 % de humedad relativa, mediante pasos simples y reproducibles en una obra real. Aunque la sustitución total reduce la resistencia mecánica hasta 60% en flexión y 50% en compresión (Giosuè et al., 2025). Para conchas de mejillón empleadas como sustituto de arena en morteros, se han probado porcentajes de 25, 50 y 75 %, observándose que el reemplazo de 25% es el más adecuado para recubrimientos cementicos (Naik et al., 2024). Además, estos materiales presentan una densidad aparente hasta 30% menor y un comportamiento energético mejorado hasta 40%, lo que los vuelve atractivos para usos relacionados con eficiencia energética. El reciclaje de estas conchas también podría reducir aproximadamente a la mitad el costo de los materiales y disminuir los gastos asociados a la disposición de residuos de la industria pesquera (Leone et al., 2023).
Estas iniciativas, también se han probado a escala de edificación. En un edificio sustentable, las conchas de mejillón, subproducto de la industria conservera, se incorporaron en prácticamente todos los elementos constructivos. Se utilizaron como agregado en la cimentación de concreto, como componente de morteros para recubrimientos exteriores e interiores, y como material suelto de relleno para el aislamiento de piso, muros y techo. Las pruebas de laboratorio y el proceso constructivo mostraron un edificio de bajo consumo energético, con un consumo de energía primaria de 86 kWh/m² por año, valor 28.3% menor al límite establecido por Passive House (Martínez-García et al., 2021). Por lo anterior, su uso resulta especialmente prometedor en aplicaciones no estructurales, recubrimientos, divisiones ligeras, concretos de baja densidad, materiales aislantes y edificaciones con criterios de sustentabilidad y economía circular.
Restauración ambiental
Las conchas de moluscos no solo son residuos con potencial de aprovechamiento industrial; también cumplen funciones ecológicas importantes en los ecosistemas acuáticos. En ambientes marinos y dulceacuícolas, las conchas son estructuras físicas abundantes, persistentes y ampliamente distribuidas que pueden modificar el hábitat y favorecer la presencia de otros organismos. Desde la perspectiva de la ingeniería ecosistémica, las conchas producidas por moluscos actúan como sustratos para la fijación de epibiontes, es decir, organismos que viven adheridos a otras superficies; además, proporcionan refugio contra depredadores, reducen el estrés físico o fisiológico y pueden influir en el transporte de partículas y solutos en el fondo acuático (Gutiérrez et al., 2003).
La presencia de conchas puede aumentar la complejidad del hábitat y generar microambientes que no estarían disponibles en fondos arenosos o lodosos. La colonización de estos espacios depende de características como el tamaño, forma, rugosidad y disposición espacial de las conchas. Cuando estas estructuras ofrecen recursos nuevos y existen especies capaces de aprovecharlos, pueden contribuir al aumento de la riqueza de especies a escala del paisaje. Por esta razón, los organismos productores de conchas y los bancos naturales de conchas no deben considerarse únicamente como recursos pesqueros, sino también como elementos clave para la conservación, restauración y manejo de hábitats acuáticos (Gutiérrez et al., 2003). En años recientes, esta función ecológica ha inspirado propuestas para reutilizar residuos de conchas en proyectos de restauración marina. La acuicultura de moluscos es considerada una actividad relativamente sustentable; sin embargo, el consumo de bivalvos genera grandes cantidades de conchas que con frecuencia terminan en vertederos o sitios de disposición poco adecuados. Esta situación representa un reto ambiental, pero también una oportunidad para transitar hacia una economía circular, donde los residuos de la industria pesquera y acuícola puedan reincorporarse a soluciones de restauración ambiental y economía azul (Corbau et al., 2023).
Un ejemplo innovador es el uso de conchas de almeja provenientes de residuos de la industria pesquera para fabricar bioarrecifes ecológicos mediante impresión 3D de gran formato. Courbau y cols. (2023), desarrollaron tres bioarrecifes diseñados para estabilizar el fondo marino y favorecer el incremento de la biodiversidad. Antes de ser colocados en el mar, estos arrecifes fueron colonizados con ostiones, con el objetivo de promover procesos de repoblamiento y facilitar el establecimiento de comunidades bentónicas. Esta estrategia combina reciclaje de residuos de conchas, innovación tecnológica y restauración marina, mostrando cómo un desecho puede transformarse en una estructura útil para recuperar hábitats y fortalecer la biodiversidad. Su uso en restauración representa una alternativa alineada con la economía circular, la economía azul y el manejo sustentable de ecosistemas costeros y acuáticos.
Actividades antimicrobianas y biocidas
Durante las últimas dos décadas, diversos estudios han documentado las propiedades antimicrobianas y antifúngicas del polvo de concha de ostión. Oikawa et al. (2000) observaron que el polvo de conchas calcinadas presentaba actividad antimicrobiana, retrasando el crecimiento de bacterias aerobias e inhibiendo el desarrollo de Escherichia coli. Este mismo efecto fue observado en la aplicación de 0.05% de polvo de concha de ostión en kimchi durante su almacenamiento, donde ser observó una reducción de bacterias aerobias y favorecía el mantenimiento de bacterias lácticas (Choi et al. 2006). Este efecto antimicrobiano ha permitido incrementar la vida útil de diferentes productos tales como tofu, mediante la adición de 0.05-0.2% de polvo de concha de ostión (Kim et al., 2007), gat kimchi hasta por 80 días a 5 °C (Jung et al. 2010) e incluso jamón de puerco (Choi et al., 2014). De manera interesante esta propiedad antimicrobiana se ha observado solamente mediante la calcinación de conchas de ostión, almejas e incluso erizo de mar, con un efecto en microorganismos de interés alimenticio, tales como Staphylococcus aureus, Listeria monocytogenes, Salmonella typhimurium, Enterobacter aerogenes y Proteus vulgaris, pero no mediante la adición de polvo de concha sin calcinar (Chen et al., 2015).
En cuanto a la actividad antifúngica, se ha demostrado que las conchas de ostión calcinadas, tratadas térmicamente a 1,050 °C y compuestas principalmente por CaO, poseen una fuerte actividad biocida contra Physalospora piricola y Rhizoctonia solani (Xing et al., 2013). Estos hallazgos han permitido estudios de combinaciones de matrices poliméricas como películas de propileno con conchas de ostión calcinadas para prolongar la vida útil de alimentos sin generar citotoxicidad (Tsou et al. 2019).
En años recientes también se han propuesto usos más especializados para las conchas de moluscos. Algunas investigaciones han explorado su potencial en cosmética, biomedicina, desarrollo de biomateriales, remoción de contaminantes y fabricación de productos de mayor valor agregado, los cuales no son revisado en esta revisión. Estas aplicaciones suelen requerir procesos más avanzados de transformación, purificación o modificación del material.
Retos para aprovechar las conchas
A pesar de su potencial, la valorización de conchas enfrenta varios desafíos. El primero es la recolección. Las conchas se generan en distintos puntos: granjas acuícolas, zonas de cosecha, plantas procesadoras, restaurantes, mercados y hogares. Esto dificulta su acopio ordenado y eleva los costos de transporte.
Otro reto importante es la limpieza. Las conchas suelen estar mezcladas con restos orgánicos, lo que puede generar malos olores, proliferación de microorganismos y problemas sanitarios. Por ello, antes de utilizarlas es necesario lavarlas, secarlas, triturarlas o someterlas a tratamientos específicos. Además, cada aplicación requiere diferentes niveles de procesamiento y control de calidad.
También existen retos normativos y económicos. Para que las conchas puedan integrarse a nuevas cadenas de valor se necesitan reglas claras, esquemas de trazabilidad, infraestructura de acopio y alianzas entre productores, empresas, autoridades, academia y consumidores. Sin estos elementos, el residuo puede seguir acumulándose aun cuando tenga potencial de aprovechamiento.
Oportunidades para México
México cuenta con regiones costeras donde la producción de ostiones, almejas y otros bivalvos forma parte de la economía local. Esto abre la posibilidad de diseñar estrategias regionales para aprovechar las conchas generadas por la acuicultura, la pesca y el consumo. Las cooperativas, restaurantes, plantas procesadoras y centros de investigación podrían participar en esquemas de acopio, transformación y uso de estos residuos.
En el contexto mexicano, algunas oportunidades incluyen el uso de conchas trituradas en agricultura, su evaluación como material para remediación ambiental, su incorporación controlada en materiales de construcción y su posible empleo en proyectos de restauración costera. Estas alternativas podrían generar beneficios ambientales, reducir residuos y crear nuevas oportunidades productivas en comunidades costeras.
Aprovechar las conchas no significa resolver todos los retos de la acuicultura, pero sí representa un paso importante hacia modelos más sostenibles. Cuando se gestionan adecuadamente, estos residuos pueden dejar de ser un problema y convertirse en una fuente de innovación, valor económico y soluciones ambientales.
Conclusión
Las conchas de moluscos muestran que algunos residuos solo son basura cuando no existe una estrategia para aprovecharlos. Su valorización permite mirar la acuicultura desde una perspectiva más completa: no solo como una fuente de alimento, sino también como una actividad capaz de generar materiales útiles para la agricultura, la construcción, la remediación ambiental, la restauración ecológica y la innovación tecnológica. En un mundo que busca producir más alimentos con menor impacto, transformar las conchas en recursos puede ser una oportunidad para avanzar hacia una acuicultura más circular, limpia y sostenible.
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Investigadora Titular A del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C. Responsable Académico del Laboratorio de Bioquímica. Sus líneas de investigación incluyen el estudio de la biomineralización en molulscos y el aprovechamiento de recursos marinos mediante herramientas omicas.
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