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Los radicales libres y ¿cómo disminuir sus efectos?

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Jorge Luis Hernández Vicencio, Yazmín Hernández Díaz*, Arath de la Torre Moreno

Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Av. Universidad s/n, Zona de la Cultura, Col. Magisterial, Vhsa., Centro, Tabasco, México. C.P. 86040.

*Autor de correspondencia: yazmin.hdez.diaz@gmail.com

Tema:

Este artículo trata sobre el efecto negativo de los radicales libres, lo cual es fundamental para concienciar sobre su impacto en el envejecimiento celular y el desarrollo de enfermedades crónicas. Informar al público permite promover hábitos saludables y el consumo de antioxidantes naturales. Además, fomenta la investigación y el desarrollo de estrategias preventivas.


  1. Introducción 

Si observas a tu alrededor podrás distinguir a las personas que realizan actividades al aire libre, comen saludable y se ven más jóvenes que otras personas de su misma edad, pero ¿por qué sucede esto?, existe un proceso químico llamado “oxidación” que sucede día a día en cada célula del cuerpo y que produce un exceso de radicales libres. Los radicales libres son moléculas inestables (Fig. 1) que se originan durante el metabolismo normal de las células y producen efectos negativos a la salud, por ejemplo, acelerando el envejecimiento. 


2.Los radicales libres

La oxidación es fundamental para la vida, pues ayuda a las células a obtener energía. Este proceso ocurre cuando una molécula pierde uno o más electrones y siempre ocurre junto a otro que se denomina “reducción”, que es lo opuesto; en vez de perder electrones, la molécula acepta o gana los electrones. Una de las cosas malas del proceso de oxidación es que da origen a la aparición de Especies Reactivas de Oxígeno (ERO) que son moléculas muy inestables que contienen oxígeno y que pueden reaccionar con otras moléculas de la célula.


Figura 1. Los radicales libres son moléculas que contienen oxígeno y que tienen un electrón desemparejado.



Estas moléculas pueden provocar daños a nivel de lípidos, proteínas y en nuestro ADN, lo que lleva a que diversos procesos celulares y metabólicos sean alterados. Los radicales libres son un tipo de ERO, pero no todas las ERO son radicales libres. En realidad, no podemos hacer desaparecer a las ERO debido a que forman parte de procesos fundamentales y naturales en nuestro cuerpo (Aramouni et al., 2023).


Todo lo que consumimos en exceso o dejamos de consumir llega a convertirse en algo dañino con el tiempo, esto también ocurre con los radicales libres, debido a que en cantidades normales nos ayudan, pero su producción y acumulación descontrolada nos puede perjudicar (Fig. 2). Existen una variedad de situaciones en las que estamos expuestos a los radicales libres, situaciones que aceleran a nuestras células para que alcancen un estado de “estrés oxidativo” y que originan problemas de salud a largo plazo.


Figura 2. La producción y acumulación descontrolada de radicales libres puede perjudicar la salud. 
Figura 2. La producción y acumulación descontrolada de radicales libres puede perjudicar la salud. 

Hábitos como fumar, la exposición al sol por demasiado tiempo, tener un consumo excesivo de alcohol, consumir descontroladamente ciertos tipos de fármacos y el consumir alimentos ultra procesados, como lo son las hamburguesas, aceleran el estrés oxidativo en nuestras células. La edad es un factor importante para el estrés oxidativo. Los radicales libres aumentan conforme vamos envejeciendo, esto se debe a que la eficacia de los sistemas que trabajan para contrarrestar el daño celular ocasionado por los radicales libres disminuye, lo que lleva a la acumulación de daños en los sistemas naturales que tiene el cuerpo. 


  1. Efectos negativos a la salud

El ambiente y nuestros hábitos aceleran el estrés oxidativo. Los daños y efectos del estrés oxidativo se notan desde el nivel molecular hasta el físico. Hay una serie de procesos patológicos que se pueden relacionar con el exceso de radicales libres, o al menos estarían implicados en alguna de las fases de estos procesos o en la secuencia bioquímica del organismo.


La aparición de la enfermedad de Alzheimer implica un proceso llamado peroxidación lipídica, donde los radicales libres dañan los lípidos (grasas) que forman parte de la barrera que tienen todas las células de nuestro cuerpo (membrana celular). Estas membranas son cruciales porque protegen a nuestras células del exterior, como tu piel protege tus órganos, y controlan lo que entra y sale de ellas. Este daño ocurre especialmente en unas grasas llamadas ácidos grasos poliinsaturados, un tipo de grasa muy común en el cerebro y que es esencial para que nuestras neuronas puedan comunicarse entre ellas (Teleanu et al., 2022). 

Cuando los radicales libres atacan estas grasas, se crean lípidos hidroperóxidos y comienza una reacción en cadena que destruye la estructura de la membrana celular, afectando la comunicación y dando lugar a la muerte de la célula.  En pacientes con esta patología, se han encontrado grandes cantidades de radicales libres y lípidos hidroperóxidos, lo que sugiere que la peroxidación lipídica contribuye al desarrollo de esta enfermedad acelerando el daño en el cerebro.


La ateroesclerosis es otra enfermedad en la que las arterias de nuestro cuerpo se tapan debido a la acumulación de colesterol y de muchas otras sustancias que se encuentran en nuestra sangre. Todo comienza con la acumulación del colesterol “malo” denominado lipoproteínas de baja densidad (LDL) que se producen en el hígado y terminan acumulándose en las paredes de las arterias y forman una especie de bulto llamado placa arteriosclerótica, dañando las arterias y provocando inflamación en estas. Cuando existe un exceso de radicales libres, estas moléculas LDL se oxidan más rápido y será mucho más fácil crear bultos en las arterias originando la ateroesclerosis.


El ADN es como un manual de instrucciones que tienen todas las células en su interior, está formado por cuatro bases nitrogenadas que son las letras de este manual. Dependiendo del orden en el que estén, tendrán un significado único y diferente para que la célula produzca las proteínas que necesita para su total funcionamiento. Sin embargo, el ADN es un blanco fácil para el ataque de las ERO.  Estas moléculas pueden provocar un error en el manual de instrucciones (el ADN). Estos errores o cambios los conocemos como mutaciones. 


Las mutaciones pueden originar proteínas que funcionan mal o simplemente no funcionan. El daño al ADN es uno de los primeros pasos hacia el desarrollo del cáncer (carcinogénesis). Aunque nuestro cuerpo tiene sus propios sistemas de reparación para corregir ese daño, algunas lesiones que ocasiona la oxidación escapan de la reparación o el mantenimiento que hace la célula cuando se divide y se van acumulando con el tiempo, especialmente con la edad. 


  1. ¿Y ahora quién podrá defendernos? 

El ser humano dispone de superhéroes llamados antioxidantes que son capaces de disminuir o prevenir la formación de los radicales libres. ¿Cómo lo hacen? Los antioxidantes tienen la capacidad de regalar los electrones a los radicales libres, quitándoles su fuerza destructiva. ¿Quién diría que dar un regalo es mejor que recibirlo? Lo maravilloso de estos superhéroes es que son tan poderosos que no se necesita un ejército enorme para combatir a los radicales libres. 


Los antioxidantes los podemos sintetizar dentro del cuerpo o ingerirlos mediante la dieta. Podemos dividirlos en dos grupos: los endógenos (sintetizados) y exógenos (ingeridos). Dentro de los endógenos encontramos a las enzimas Superóxido Dismutasa (SOD) que se encargan de la conversión de superóxido en peróxido de hidrógeno.  SOD1 actúa en el cuerpo de la célula (citosol) y en el espacio entre las paredes de nuestras fábricas de energía (mitocondria), SOD2 en la matriz de la mitocondria y SOD3 en el espacio que está fuera de la célula; actúan como jefes de seguridad cuidando de que no haya delincuentes (radicales libres) intentando dañar su lugar de trabajo (la célula). Otra enzima muy reconocida es la catalasa, que descompone el peróxido de hidrógeno en agua y oxígeno, la podemos encontrar principalmente en el hígado y en los riñones. 


Del lado de los antioxidantes exógenos podemos encontrar todos los que ingerimos o ponemos sobre nuestra piel, como las verduras, las frutas, los suplementos o distintas sustancias ricas en antioxidantes. Estos compuestos son numerosos y con una variedad muy amplia. En este grupo podemos encontrar compuestos como los flavonoides, flavonoles, flavonas, carotenoides, polifenoles y distintas vitaminas. 


Uno de los más interesantes es el polifenol, este compuesto orgánico lo podemos encontrar en las frutas y verduras, en el cereal, el café y en el té, y es un excelente antioxidante. De aquí proviene una sustancia muy interesante llamada resveratrol que ayuda a las plantas a defenderse de infecciones, estrés, lesiones y de la luz del sol. Se ha estudiado ampliamente su uso para la prevención del cáncer, enfermedades cardiacas y como molécula antienvejecimiento. También se puede encontrar en una bebida muy famosa, el vino. El vino es un excelente antioxidante, antiinflamatorio, antiaterogénico y ayuda a promover la dilatación de los vasos sanguíneos (Bocsan et al., 2022).


Del lado de las vitaminas tenemos a la B3 (niacinamida). Se encuentra naturalmente en el cuerpo y en algunos alimentos como el pescado, carnes y cereales. Ayuda a proteger la piel de los radicales libres y los agentes externos. El trabajo de la niacinamida es mantener cargadas de electrones a las enzimas para que así puedan regalar electrones a los radicales libres y quitarles su poder destructivo. La vitamina B3 mejora la elasticidad de la piel, reduce las arrugas, manchas y las líneas de expresión de la cara, por lo que es muy fácil encontrarla en productos de cuidado de la piel como serums y cremas.


  1. Conclusión 

El estrés oxidativo afecta desde nuestras células hasta los órganos del cuerpo. Si no controlamos la producción de radicales libres y entramos en un estado de estrés, podemos desencadenar daños graves en nuestro organismo. La alimentación y la actividad física juegan un papel fundamental. Consumir alimentos ricos en antioxidantes ayuda a complementar las defensas naturales de nuestro cuerpo. Cuidar de nuestras células es cuidar de nuestra vida, y aunque los radicales libres son inevitables, nosotros tenemos el superpoder de minimizar sus efectos. 


  1. Referencias

  2. Aramouni, K., Assaf, R., Shaito, A., Fardoun, M., Al-Asmakh, M., Sahebkar, A., & Eid, A. H. (2023). Biochemical and cellular basis of oxidative stress: Implications for disease onset. J Cell Physiol, 238(9), 1951-1963. doi:10.1002/jcp.31071

  3. Bocsan, I. C., Măgureanu, D. C., Pop, R. M., Levai, A. M., Macovei Ș, O., Pătrașca, I. M., Buzoianu, A. D. (2022). Antioxidant and Anti-Inflammatory Actions of Polyphenols from Red and White Grape Pomace in Ischemic Heart Diseases. Biomedicines, 10(10). doi:10.3390/biomedicines10102337

  4. Teleanu, D. M., Niculescu, A. G., Lungu, II, Radu, C. I., Vladâcenco, O., Roza, E., Teleanu, R. I. (2022). An Overview of Oxidative Stress, Neuroinflammation, and Neurodegenerative Diseases. Int J Mol Sci, 23(11). doi:10.3390/ijms23115938


Jorge Luis Hernández Vicencio. Doctorado en Salud Pública. Especialista en temas de salud mental.

Yazmín Hernández Díaz. Doctorado en Ciencias Biomédicas. Investigadora nacional nivel 2. Sus líneas de investigación abarcan la identificación de factores genéticos y ambientales implicados en la aparición de enfermedades.

Arath de la Torre Moreno. Licenciado en Genómica. Sus intereses se enfocan en el área de biomedicina.

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