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¿Por qué hay menos producción de miel en las colmenas? Un problema moderno que requiere soluciones multidisciplinaria

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Felipe Ascencio Valle

Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C.
ascencio@cibnor.mx

En el 2008 se lanzó la película “The Happening” (titulada “El fin de los tiempos” en toda Hispanoamérica), un largometraje con la actuación de Mark Wahlberg, y trata la historia de una familia que huye de misteriosos ataques que ocurren en varias ciudades del este de los Estados Unidos, en los cuales las personas comienzan a herirse a sí mismas. En la primeras escena de la película donde aparece Mark Wahlberg interpretando a Elliot Moore, profesor de ciencias de secundaria en Filadelfia, hace una pregunta a su grupo de estudiantes “Porque se están muriendo las abejas” y pide a los alumnos que le propongan teorías de porque estaría ocurriendo dicho fenómeno. Si bien en esta película de ficción abordan un tema de actualidad, lo cierto es que la producción de miel en todo Estados Unidos ha disminuido apreciablemente desde la década de 1990, al mismo tiempo que los cambios en el clima, el uso de la tierra y la aplicación de pesticidas a gran escala. Si bien muchos factores pueden afectar la acumulación de miel, esto sugiere que los factores estresantes antropogénicos pueden estar teniendo impactos a gran escala en los recursos florales de los que dependen los polinizadores para su nutrición.

 

 

¿Existe realmente un problema con las abejas y la producción de miel?

En diciembre de 2016, la Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica alentó a los 180 gobiernos presentes a aumentar sus esfuerzos para mejorar la conservación y gestión de los polinizadores, abordar los factores que impulsan la disminución de los polinizadores y trabajar para lograr sistemas sostenibles de producción de alimentos y agricultura. Este sentimiento se repitió casi dos años después en la siguiente reunión. El catalizador de esta iniciativa fue la evaluación sobre el estado de los polinizadores publicada en 2016 por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, 2016).



FIGURA 1.- Polinizador (Fuente: Walker, 2020).


Las causas de las pérdidas de polinizadores.

Si aceptamos que los polinizadores son esenciales para el bienestar y la prosperidad futuros de los seres humanos, y que lo más probable es que estén disminuyendo a un ritmo grave, entonces deberíamos intentar revertir la situación. Un primer paso en esta misión de rescate es identificar qué está causando el problema. Sólo una vez que se haya logrado esto se podrán planificar y ejecutar eficazmente programas de recuperación exitosos. Al respecto, en un trabajo reciente publicado por Quinlan y sus colaboradores de la Universidad PennState (2023) abordaron precisamente la pregunta ¿Qué hay detrás de esta caída en la productividad de las abejas? Según los investigadores, la caída de la productividad del suelo y la inestabilidad climática. Después de analizar 50 años de datos agrícolas, publicaron que la “productividad” de los suelos (la capacidad del suelo para sustentar cultivos en función de sus propiedades físicas, químicas y biológicas) está disminuyendo en todo Estados Unidos. Combinado con el calentamiento del clima, el uso generalizado de herbicidas y la pérdida de hábitat natural. Quinlan y sus colegas revisaron décadas de datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Desde la producción anual de miel hasta los niveles de lluvia estacionales, cantidades de pesticidas empleadas, mediciones del suelo, analizaron una gran cantidad de registros y llegaron a algunas conclusiones preocupantes. Los descubrimientos revelaron que factores realmente amplios como el clima y los suelos son fundamentales y sustentan  eco-regiones para la producción de miel, esto es, que el clima y los suelos adecuados sustentan las comunidades florales adecuadas para producir una miel.

Entonces, los lugares en los EE. UU. serían las Grandes Llanuras del norte, así como la Costa del Golfo alrededor de Texas y Florida". Pero instalar las colmenas en una eco-región así no es garantía de un éxito satisfactorio. Quinlan y colaboradores mapearon varios factores que pueden aumentar o disminuir las ganancias estacionales, encontrando al observar la variación anual, que existen otros factores, como el cambio en el uso de herbicidas, la conversión de tierras de conservación a agrícolas y diferentes patrones climáticos de un año a otro. Esas cosas realmente ajustan la cantidad de miel que se produce en un año determinado”. Muchos de estos factores han estado cambiando recientemente, lo que ha llevado a una disminución de la productividad de las abejas. Entre 2020 y 2021, por ejemplo, se estima que los apicultores estadounidenses perdieron el 45.5% de sus colonias de abejas melíferas. Algunos de los factores cambiantes a lo largo del tiempo, como el clima cada vez más cálido y húmedo con el cambio climático, el cambio en el uso de la tierra, etc., realmente sustentarán los cambios que se han registrado en los últimos 30 años y la variación anual en eso.


Tabla 1.- Impacto de la agricultura en la producción de miel (Walker, 2020)

Junto con el reciente cambio climático, otro factor, que parece sustentar la reciente caída en la productividad de las abejas es la calidad del suelo. La métrica, conocida como índice de productividad del suelo, que se calcula en función de varias cualidades, como el contenido de nutrientes intercambiables y de reserva del suelo, su labranza, el contenido de carbono orgánico, la mineralogía de la arcilla y la presencia o ausencia de una capa que impide las raíces. Al aplicar esta métrica a sus décadas de datos, Quinlan y sus colegas descubrieron que los mayores rendimientos de miel se observaron en estados con climas fríos o cálidos y alta productividad del suelo. Con base en este hallazgo, concluyeron que el clima y la productividad del suelo como las dos piezas fundamentales de su pirámide de productividad de la miel. El clima y la productividad del suelo sientan las bases para los estados que más apoyan las flores, probablemente al determinar los tipos de comunidades florales que pueden crecer en una región. Por encima de estos dos factores, Quinlan y sus colegas colocaron el uso de la tierra y luego, en la cima de la pirámide, colocaron el uso de herbicidas, ya que sus efectos sobre las abejas eran relativamente marginales. "El uso de la tierra, el siguiente factor espacial más importante, puede limitar aún más los tipos de flores disponibles en el paisaje", escribieron en su artículo (Quinlan et al., 2023).

 


FIGURA 2.- Colmena de miel. Las abejas recolectan polen y néctar y almacenan este último en panales (Walker, 2020).


El valor ecológico de la polinización.

Se podría argumentar que los polinizadores son para la naturaleza lo que las ruedas son para un vehículo: lo mantienen en movimiento. En términos ecológicos, se considera que toda la gama de polinizadores cumple funciones de mantenimiento, apoyo y regulación. La polinización se describe como un servicio ecosistémico que interactúa con otros servicios. Algunos de estos otros servicios son beneficios, como los cultivos; algunos son servicios de regulación y mantenimiento, como los servicios de prevención de la erosión proporcionados por las praderas marinas y el secuestro de dióxido de carbono; y algunas son interacciones, como la biorremediación, el control del flujo de agua y la prevención de la erosión del suelo. Dondequiera que se mire en la naturaleza, los polinizadores cumplen funciones de gran valor, beneficio y servicio. Los polinizadores también son importantes para el futuro mediante la evolución de nuevas variedades y especies (Walker 2020).

 


FIGURA 3.- Micrografía electrónica de barrido de un grano de polen de Viburnum rhytidophyllum. (Fuente: Walker 2020).


El futuro de la polinización está en nuestras manos

Para que las comunidades de polinizadores y plantas sobrevivan de manera sostenible en el futuro, debe haber asociaciones más estrechas entre botánicos y zoólogos, y entre los trabajadores de conservación y el público. En el lado positivo, al entrar en la tercera década del siglo XXI hay un nuevo impulso para conservar los polinizadores, basado en la comprensión de que en algunos casos enfrentaremos una severa sanción financiera si no se protegen las funciones de los ecosistemas. Sin embargo, también se reconoce que la conservación en sí misma tiene un costo y hay evidencia de que el actual fracaso en alcanzar los objetivos de conservación no se debe a paradigmas incorrectos sino a una asignación insuficiente de recursos financieros. También existe un llamado creciente a revisar la relación entre las ciencias naturales y las humanidades. Los investigadores en ambos campos están pidiendo cambios de paradigma en la cultura de la conservación, para que cree paisajes en los que tanto los humanos como la diversidad biológica rica en especies puedan prosperar (Walker, 2020).


Tabla 2.- Herramientas biotecnológicas y de ingeniería genética empleadas en el fitomejoramiento-climáticamente inteligente (Shahzad et al., 2021)

El trabajo de Quinlan y colaboradores (2023) demostró que hay efectos significativos de múltiples factores de cambio global, desde el clima y la productividad del suelo hasta el cambio en el uso de la tierra y el clima extremo, por lo que sugieren que el clima y la productividad del suelo sustentan las regiones florales al limitar las comunidades de plantas disponibles, mientras que el uso de la tierra y el clima modulan los recursos florales obtenidos y la productividad anual de esa comunidad. Los hallazgos de Quinlan y colaboradores refuerzan estudios anteriores sobre el efecto perjudicial de la conversión del uso de la tierra de hábitats que apoyan a las abejas a un uso intensivo de la tierra agrícola y resaltan la conservación del suelo como un área para mayor consideración como práctica de conservación de polinizadores. Estas tendencias de observación a largo plazo y a gran escala deberían explorarse más a fondo a escalas locales y con experimentos de manipulación. A medida que el clima cambia, es posible que también debamos considerar cultivares climáticamente inteligentes para hábitats de polinizadores que se adapten a los climas regionales y que puedan resistir eventos climáticos extremos para sustentar a las comunidades de polinizadores (Quinlan et al., 2023).

 


FIGURA 4.- Recolección de polen. Las abejas recogen y almacenan polen de sus cuerpos; cualquier grano al que no puedan llegar pueden polinizar las flores que visiten a continuación (Fuente: Walker, 2020).


Referencias

Quinlan G.M., Miller D.A.W.., Grozinger C.M. 2023. Examining spatial and temporal drivers of pollinator nutritional resources: evidence from five decades of honey bee colony productivity data. Environ. Res. Lett. 18. 114018 https://doi.org/10.1088/1748-9326/acff0c

IPBES. 2016. The assessment report of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services on pollinators, pollination and food production. S.G. Potts, V. L. Imperatriz-Fonseca, and H. T. Ngo (eds). Secretariat of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services, Bonn, Germany. 552p.

Shahzad A., Ullah S., Dar A.A., Sardar M.F., Mehmood T., Tufail M.A, Shakoor A., Haris M. 2021. Nexus on climate change: agriculture and possible solution to cope future climate change stresses. Environ. Sci. Pollut. Res. 28, 14211–14232. https://doi.org/10.1007/s11356-021-12649-8

Walker T. 2020. Pollination. The enduring relationship between plant and pollinator. Princeton University Press. New Jersey, USA. 224p.

 



Dr. Felipe Ascencio.
Investigador Titular D y profesor en el CIBNOR, SNI III. Responsable del Laboratorio de Patogénesis Microbiana. Loop: 264286; Scopus: 57247070500; ORCI: 0000-0003-3515-8708

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